La Maestría en Diseño de Aprendizajes de UTEC propone, entre otros temas, innovar sobre las formas en que los docentes transfieren conocimientos a sus estudiantes. A Pablo Mollo, quien egresó en 2025, este tema le apasionaba desde mucho antes. Apelando a los rasgos de identidad de sus estudiantes, desarrolló un proyecto que lo ubicó como finalista del premio al docente del año en Fundación ReachingU y luego dentro de los 50 mejores profesores del mundo del Global Teacher Prize.
Cuando Pablo empezó a ejercer su profesión de maestro en contextos vulnerables notó algo: los procesos educativos tradicionales no lograban captar la atención de los estudiantes, esa que hoy en día resulta tan difícil de lograr en medio de pantallas, redes sociales y sobreestimulación. Así nació su inquietud: desafíos distintos requieren soluciones distintas.
De esa manera comenzó a experimentar con nuevas formas de enseñar, tratando de conectar los intereses y los elementos que forman parte de la identidad de sus estudiantes, con los conocimientos que se busca transmitir a niños y niñas. Según cuenta, el cambio se notó claramente. La escuela dejó de ser un lugar al que debían ir por obligación y lo más importante de todo, se apropiaron del conocimiento de una forma mucho más efectiva y cercana. Esa fue la iniciativa de Pablo Mollo, quien luego, se enteró de la Maestría en Diseño de Ambientes de Aprendizaje de UTEC y decidió cursarla. Esta formación, según cuenta, le “voló la cabeza” y dio un marco teórico y conceptual a una inquietud que él ya venía desarrollando con sus estudiantes.
Maestro de Primaria desde 2014 y abogado. Egresó de la Maestría de UTEC en 2025 y dentro de ella ha logrado avances significativos en proyectos que ponen al niño, con sus particularidades y “rasgos de identidad” en el centro de cada iniciativa. Los últimos años para Pablo han sido de reconocimientos, fue finalista del premio al docente del año en Fundación ReachingU y luego se ubicó dentro de los 50 mejores profesores del mundo del Global Teacher Prize. Sobre estos temas habló.
De maestro en contexto crítico a abogado y magíster ¿Cómo ha sido este recorrido?
He trabajado en contextos de escuelas Aprender y en zonas periféricas desde que me recibí. Durante 11 años trabajé como maestro, y a la mitad de la carrera docente empecé a observar que en esta parte de la sociedad había otras necesidades que no se adaptaban a mi formación, más adaptada a la media. Vi que los derechos no son muy tenidos en cuenta como eje dentro de la educación. Es muy complejo sostener la enseñanza cuando existen derechos vulnerados.
Ahí empecé mi segunda carrera que fue la abogacía y me recibí de abogado. Luego me especialicé en la Universidad de Salamanca en derecho de niños, niñas y adolescentes. En ese interín tuve la posibilidad de quedar becado por Fulbright en el programa “Teacher Exchange” y ahí me fui a Chicago a trabajar como maestro de intercambio.
En esa ciudad conocí a Patricia Vargas que es la coordinadora general de Fulbright y me contó sobre la Maestría en Diseño de Ambientes de Aprendizajes de UTEC.
¿Qué te llevó a inscribirte en la Maestría de Ambientes de Aprendizaje de UTEC?
Tenía muchas ideas, de concepciones que yo ya aplicaba en mi trabajo como docente y como profesional pero que nunca le podía dar un encuadre o una fundamentación teórica, hasta ahora. El uruguayo tiende a no tener esa iniciativa de escribir o producir, porque la carrera docente te lleva a un trabajo diario que no te da el tiempo de sentarte a escribir experiencias.
¿Qué valoras de formarte en UTEC?
Hubo dos puntos clave. El primero es la posibilidad de acceder a una maestría 100% gratuita. Es algo que llama la atención, y es un esfuerzo que se hace posible desde nuestro país. Las maestrías suelen ser costosas, más para los docentes. Pero lo principal fue ver que había una maestría que me hablaba de diseño de ambientes de aprendizaje, y eso es lo que hago todo el día en el aula, ver cómo puedo diseñar la experiencia de acuerdo a estos chiquilines que tienen determinadas características. Me llevó a pensar en cosas que ya hago, pero con un cuerpo docente que le dio un encuadre y enriqueció eso, que me llevó a investigar. Fue profesionalizar o formalizar más lo que uno ya hacía intuitivamente, pero con todas estas herramientas.
¿Por qué es importante “pensar fuera de la caja” y replantear la forma en que se enseña?
Es clave esto por la heterogeneidad de estudiantes y de personas. Nosotros seguimos teniendo un currículum que responde a lo tradicional, una planificación, siempre desde la perspectiva de cumplir con el programa. Como docente siempre me cuestioné hasta qué punto había una apropiación real de los estudiantes luego de dar una clase de lengua o matemática en estos sectores en los que yo trabajo. Por eso tanto el diseño de ambientes como la innovación educativa deberían estar incluso por encima del programa.
Si no busco diseñar para el estudiante desde la heterogeneidad, no va a haber nunca una apropiación.
Propones dar vuelta la mirada: si la educación no le llega al estudiante no es culpa sólo de él, sino también de cómo se le presenta el conocimiento.
Se responsabiliza a la vulnerabilidad o la pobreza por la deserción, pero no se llega nunca a ver que quizás sea porque el estudiante, su familia o su entorno no responden a la cultura educativa tradicional. La Maestría de UTEC en ese aspecto fue como una explosión cerebral. Sentí enseguida ganas de abrazar a los docentes y decirles ‘gracias’, pero no por lo que me están brindando, sino por la confirmación de que hay un marco teórico para todo esto que me está dando vueltas en la cabeza, es algo real, no lo estoy viendo sólo yo.
¿Cómo repercute en el niño cuando se le enseña desde ese lugar, más cercano y adaptado a lo que le interesa?
Les cambia la vida. La típica es cuando dicen que los chicos son hiperactivos y nunca se enganchan con nada porque nunca estamos mirando el interés real de ellos. Entonces les cambia la perspectiva de lo que es la escuela, que deja de ser ese lugar en el que tengo que cumplir esas cuatro horas, con la expectativa de la familia y viendo siempre a la escuela como el medio para salir adelante en la vida. Y acá es donde entra mucho mi proyecto: si, el medio es lo educativo, pero no cambiando tu identidad y lo que vos ya traés y conocés. Entonces ahí se inicia un tema de apropiación distinta. Antes de la Maestría de UTEC ya lo venía haciendo improvisadamente, sin un marco teórico ni investigativo. La apropiación real termina generándose cuando vos traés diseños o una innovación educativa que responda a lo que el alumno ya conoce, a lo que es un medio barrial, su comunidad, ahí realmente se siente que hay un cambio de mirada desde la educación. Y más en estos sectores, donde las cosas que ellos ya conocen o les son propias, increíblemente el currículum tradicional educativo las toma como algo equivocadas o las prohíbe.
Aprender desde lo que somos
¿Cómo fue el proceso de incorporar las herramientas de la maestría a tu trabajo con niños y niñas?
Realmente la maestría fue como sacarme unos lentes y decir, es acá. Había cosas que ya me estaba dando cuenta: sabía que si tenía que enseñarles lengua o matemática y traía a clase la típica fotocopia, o solo mi carisma llegaba más o menos, pero no había un cambio real. Entonces antes de la maestría ya improvisaba con esto de ver cuáles eran los intereses de ellos.
Me acuerdo que tenía que trabajar cómo elaborar un informe desde la lingüística y hubo gurises que hicieron sus informes en base a La Joaqui o a María Becerra, y logramos resultados magníficos porque ellos tenían algo que les gustaba y sobre lo que querían escribir. En la Maestría todos los docentes son como mentores, pero en mi caso sobre todo Laura Romiti y Ezequiel Alemán fueron quienes me acercaron al concepto de “fondo de identidad”. Es como esto de traer al aula tras una investigación, los elementos de autoconocimiento y autoexpresión. El niño dice si me tengo que definir tengo estos elementos que me definen e identifican. Y pensé, esto yo lo vengo haciendo, encontré una conceptualización que desconocía, y autores que ya estaban hablando de esto en otros lugares. La Maestría me hizo saber que tenía que dejar lo intuitivo. Ya había dado el primer paso, conocía el problema, pero para diseñar e innovar llevaba un marco de investigación.
¿Cómo empezás a darle forma al proyecto?
En ese momento fue para abordar la oralidad en el aula. Yo veía que había gurises que no tenían motivación para hablar. Cuando hacías un debate sobre la contaminación ambiental generaba cero interés, lo hacían más por una cuestión de ‘lo tengo que hacer porque vengo a la escuela’. Entonces como parte de la investigación comencé a meterme de fondo en el barrio, visité la casa de cada uno de mis 25 estudiantes, todos de sexto año de Primaria, buscando objetos identitarios. Esto fue producto del marco conceptual que adquirí en la maestría.
¿Cómo te recibieron las familias?
Como docente considero que el trabajo comunitario con la familia forma parte de lo educativo. Para mí es un 50 y 50. Allí utilicé dos técnicas. Una fue la del dibujo identitario, que consiste en darle una hoja y un lápiz, sin colores, y que el niño o niña dibuje todo lo que sienta que debe presentarle a alguien y que eso sea él, o es lo que le gusta. Casi en la totalidad de los dibujos apareció el elemento fútbol. Había cuadros de fútbol, escudos, jugadores. Y esto se vio tanto en niños como en niñas.
Esto me llevó a encontrar objetos en las casas, como camisetas, pelotas. También estaba esta rivalidad a nivel barrial en Paso Carrasco, entre el América y el Veloz, y vi que eso nucleaba a las familias, la parte social y la económica los fines de semana. Era la actividad de la comunidad barrial. Entonces llevé todo eso al aula, pero no para hablar de fútbol. Desde el encuadre educativo fue maravilloso porque empecé a ver que estos niños que suelen ser catalogados como que no saben nada, en realidad puede que no sepan del currículum tradicional, pero de esto otro saben un montón. Incluso con fechas precisas, con elementos históricos. Y ahí los debates pasaron a ser con motivación y esperados por ellos mismos.
¿Cómo se fue desarrollando?
Primero se abordó la parte de derechos mediante talleres de elaboración de jabones por ejemplo: cómo sería ese jabón para un futbolista. Trabajamos la parte química pero también el derecho a la higiene. También desde la cocina se elaboraron galletas y qué nutrición deberían tener para después de los partidos, ahí trabajamos el derecho a la alimentación. Luego estuvieron los debates sobre la violencia en el fútbol, lo que ocurría en los estadios.
Ese fue el proyecto inicial y terminó convirtiéndose en un proyecto que se llama “Aprender desde lo que somos”, que era aprender desde los derechos. El objetivo principal era romper con la naturalización de los derechos vulnerados de esa población, ya que en este club de niños se trabaja con un grupo de niños de los cuales el 90% tienen sus derechos vulnerados, pero no logran apropiarse de este concepto cuando se trabaja en talleres tradicionales. Entonces a partir de trabajar desde este otro encare comenzó a verse que muchos niños denunciaban sufrir vulneración de sus derechos y ocurrió que en el club aumentó mucho la verbalización de los problemas.
Muchos chiquilines comenzaron a ver cuántos derechos se vulneraban en la actividad del fútbol barrial, comentaban por ejemplo ‘el otro día mi técnico me gritó frente a todo el mundo’, o ‘una madre gritaba esto o aquello’. Como equipo eso nos sirvió, porque derivó en un trabajo de judicialización de muchas situaciones, de abordaje como equipo técnico. Ahí empezó un abordaje con la familia. Pero no como una familia que no protege, sino como adultos referentes que también fueron niños hace poco y vienen de generaciones que también fueron vulneradas.
¿Cómo surgió la posibilidad de aplicar a los premios?
Este proyecto fue reconocido por la Fundación ReachingU a mediados de 2025 y quedé como finalista a docente del año. Lo lindo es que pudimos llevar a las familias y los niños a la Torre de Antel. Más allá de que la figura central era yo, se pudo ver que el proyecto estaba siendo reconocido por todas esas familias y niños. A raíz de esto nos invitan a aplicar para el Global Teacher Prize, que es como pasar a una instancia ya a nivel mundial. Fue algo inesperado. Y me entró a llamar la atención cuando me invitaron a pasar a una instancia por zoom con ellos y luego quedar entre los 50, entre más de 5000 docentes de todo el mundo. Fui el único de Uruguay y uno de los 10 latinoamericanos.
¿Cómo has vivido los reconocimientos?
Es algo bueno. Entiendo que Uruguay no está acostumbrado a estas cosas, y como que falta darle importancia a estos reconocimientos, que en otros países lo tienen mucho más instalado. Pero me sentí muy apoyado por todo el Uruguay, se le dio su lugar y la experiencia allá fue magnífica, porque nos llevaron a Dubai a un congreso. Fue surreal, fue como ir a los Óscar.
Lo lindo fue compartir con más de 80 personas de todo el mundo y te lleva a pensar que muchas veces en tu chacrita te parece que estás muy mal y en realidad estás muy bien. Fue un lugar magnífico donde compartir proyectos.
Siempre a UTEC la destaqué al 100%, porque todo esto me llegó a partir de la Maestría. Mi marco conceptual de fondos de identidad si bien surge como una innovación mía del pienso, parte de un abordaje de trabajo que pude hacer a partir de la MDAA.
¿Cómo está el proyecto hoy y cómo lo ves a futuro?
Cuando fui a Dubai me encontré con una parte tecnológica y de mucho proyecto tecnológico y sustentable, vinculado a IA, cambio climático y medio ambiente. El proyecto continúa y seguirá. Hoy como la parte de los derechos ya está muy interiorizada, este año estamos avanzando en un proyecto que viene muy bien que se basa en un robot, que se llama RUDI (Robot Uruguayo de los Derechos y las Identidades), es como una especie de mascota del mundial. Hasta a mi me sorprendió lo que llegaron a crear.
Estamos en un momento en que la tecnología bien utilizada está buenísima. Recursos tenemos pocos, pero se pueden hacer cosas. Entonces hicimos un trabajo comunitario juntando residuos, hicimos bidones con forma de bloques, reciclamos del club todo los juguetes que ya no servían y creamos a RUDI. Tiene comandos de voz con placas madre, con toda la parte de IA le crearon la voz, incluso hay relatos de los niños grabados en comandos y se escuchan apretando botones. Hicieron un panel que habla de cada derechos de los niños. Y lo que vamos a empezar a hacer es dar un paso más y empezar a salir al territorio: la idea es visitar escuelas y colegios para aportarles algo.
Estamos con esa idea para que ellos actúen como agentes promotores. El robot tiene códigos QR que los lleva a formularios de cómo se realizó, de evaluación. Y en la cabeza tiene un buzón en la parte de atrás, de que si ellos van a promover la actividad, y alguno siente que tiene un derecho vulnerado y quiere expresarlo en forma anónima puede hacerlo y también hacer una estadística más territorial de qué está pasando con esto.
Genera entusiasmo en los chiquilines desarrollar algo tangible también.
Además de todo lo que conlleva la mejora constante del robot, porque ahora están viendo todo el tema de cómo hacer que se mueva, y están trabajando para instalarle unos autitos a control remoto para que el robot se pueda desplazar también. Son increíbles.
¿Qué panorama se abre desde la Maestría?
La MDAA me permitió ser un docente investigador, que ya intuitivamente hacía cosas pero ahora con una seguridad de conocimiento y encuadre que antes no tenía. Me permitió crear estos proyectos a gran escala, que fueron reconocidos y tengo expectativa de que sigan evolucionando en reconocimiento. Apliqué a otros premios que están en proceso y que pueden ir a otras partes del mundo, me han llamado para dar alguna conferencia en otro país sobre este tema del robot. Se han abierto puertas, no solo a nivel personal sino también de enaltecer la educación y la intervención docente, que es gracias a UTEC porque a través de esta maestría pude darle un encuadre.
¿Qué es lo mejor que te llevás de poner en práctica estos proyectos?
Lo que más me llena es el reconocimiento de los gurises y de las familias. Es algo que no me paga ningún trabajo. Pasó que cuando surgió todo este tema más a nivel prensa, en comentarios que dejaban en las publicaciones aparecían familias de las que fui docente capaz hace 10 años, con unos mensajes hermosos. No ser un docente que simplemente pasó por la vida del estudiante, sino marcar huella porque es lo que realmente me interesa.
Noticias, actividades e ideas en tu mail cada semana.
UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA @ 2026 - All rights reserved.
Teléfono (+598) 2603 8832 | consultas@utec.edu.uy