O setor educacional, o setor público, as empresas e a sociedade civil concordam que a principal conquista foi o estabelecimento de uma cultura de colaboração binacional. À medida que avançam os preparativos para a 5ª Semana Binacional de Inovação, figuras-chave da "Área B" refletem sobre os progressos alcançados, os desafios que permanecem e a nova fase do ecossistema.
Hace cinco años, en plena pandemia, una treintena de representantes de instituciones educativas, organismos públicos, empresas y organizaciones de la sociedad civil de Rivera y Sant'Ana do Livramento decidió asumir el desafío de trabajar de forma articulada para impulsar la innovación y el desarrollo de la frontera.
Aquel compromiso, plasmado el 30 de julio de 2021 en la firma del Pacto por la Innovación del ecosistema binacional, dio origen a un espacio de colaboración que hoy reúne a decenas de actores de ambos países en torno a una agenda común. ¿Su nombre? Área B, por la importancia de la binacionalidad.
Desde entonces, surgieron iniciativas que ya forman parte de la dinámica regional, como la Semana Binacional de la Innovación, el desafío escolar Hackateen, espacios de formación e intercambio para emprendedores, y proyectos de articulación entre universidades, gobiernos, empresas y organizaciones sociales.
Pero, más allá de las actividades concretas, quienes integran el ecosistema coinciden en que el cambio más profundo fue haber construido vínculos de confianza y una nueva forma de pensar el desarrollo de Rivera-Livramento.
Un estudio presentado recientemente por el Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae) ubica al ecosistema Área B en una etapa de “estructuración”, luego de haber superado la fase inicial de conformación. El relevamiento identifica avances en la articulación entre actores y en el crecimiento de la formación terciaria, pero también señala desafíos como fortalecer la gobernanza, ampliar la participación empresarial y generar políticas públicas que incentiven la innovación.
Para Felipe Fajardo, director del Instituto Tecnológico Regional Norte de UTEC y consejero, estos cinco años permitieron reafirmar que la educación superior no puede avanzar de forma aislada. Según plantea, el Área B evolucionó como un ecosistema dinámico, impulsado por el rol de las universidades como motores de conocimiento y talento.
Fajardo entiende que la vinculación de la “cuádruple hélice” —universidad, empresa, Estado y sociedad— es clave porque saca al conocimiento de la “torre de marfil” y le da pertinencia real a la docencia y la investigación. “Trabajar con el sector público y privado nos permite co-diseñar programas académicos alineados al futuro del empleo, abriendo posibilidades como acceder a infraestructura industrial para pruebas piloto y validar tecnologías en escenarios reales. Esto transforma a la universidad en un actor de desarrollo económico directo y no solo en una institución generadora de egresados”, reflexiona Fajardo.
Desde el sector público, Santiago Esteves, director de Desarrollo Económico y Productivo de la Intendencia de Rivera, también destaca la construcción de un espacio permanente de diálogo entre las diferentes hélices. Para él, esa capacidad de generar confianza y una visión compartida sobre innovación, conocimiento y emprendedurismo constituye “uno de los principales activos que hoy tiene la frontera”.
Desde el sector empresarial, Cintia Lee, representante de Time Innovación, recuerda que antes del Área B ya existían instituciones fuertes, buenos proyectos y personas con ideas, pero muchas veces trabajaban de forma aislada. “En estos cinco años aprendimos a reconocernos, a encontrarnos y, sobre todo, a construir juntos”, afirmó.
La consultora Fernanda Araújo, representante de la sociedad civil, identifica otro cambio significativo: la innovación dejó de ser un concepto lejano. “En 2021 explicábamos qué era innovación; hoy las personas ya saben y quieren participar”, señaló.
Los referentes del Área B coinciden en que el trabajo conjunto modificó la forma en que Rivera y Livramento se relacionan para proyectar su desarrollo.
Fajardo entiende que la frontera comenzó a consolidarse como un ejemplo de integración regional. “Los límites geográficos se convirtieron en puentes para un desarrollo socioeconómico conjunto”, expresó.
Lee asegura que el cambio también se dio en la conversación entre actores. “Empezamos a hablar menos de ‘mi institución’, ‘mi ciudad’ o ‘mi proyecto’, y más de nuestros desafíos y nuestras oportunidades como territorio”.

Representantes del Área B en la IV Semana Binacional de Innovación
Desde la mirada del sector público, Esteves destaca como ejemplo concreto el impulso a dos parques tecnológicos, el Parque Tecnológico Regional Norte (PTRN), en Uruguay, y el Parque Tecnológico Binacional de Sant’Ana do Livramento (PATES) en Brasil, ambos en desarrollo y concebidos para complementarse dentro de un mismo territorio binacional. “Esto demuestra que es posible planificar el desarrollo desde una lógica de cooperación y no de competencia”, expresó.
Roberto Martínez, director de Proyectos Estratégicos de la plataforma de innovación en gobernanza BILAT, y representante de la sociedad civil, sostiene que el ecosistema también contribuyó a cambiar la mirada externa sobre la frontera, posicionando a Rivera-Livramento como un territorio con potencial para atraer inversiones, desarrollar soluciones a desafíos globales y fortalecer la denominada “diplomacia privada” entre ambos países.
En ese camino, Lee identifica a la Semana Binacional de la Innovación como “la expresión más visible de ese movimiento”, aunque subraya que detrás de ella existe algo todavía más valioso: “una red de relaciones que antes no existía con esta intensidad”.
Si bien el balance es positivo, los referentes coinciden en que el ecosistema necesita avanzar para consolidarse.
Para Fajardo, uno de los grandes desafíos es fortalecer la relación entre la academia y el sector productivo, de modo que la frontera pueda convertirse en un semillero de nuevas empresas de base tecnológica. En la misma línea, Araújo considera que llegó el momento de pasar de la sensibilización a la generación de resultados económicos concretos mediante procesos de innovación abierta.
Esteves entiende que será necesario lograr que más instituciones, empresas y ciudadanos se involucren y hagan propio este proceso. También subraya la importancia de seguir fortaleciendo la educación superior y la formación de capital humano como base para avanzar hacia una economía basada en el conocimiento.
Roberto Martínez y Cintia Lee identifican, además, la necesidad de consolidar la gobernanza del ecosistema y generar mecanismos de financiamiento estables. “Necesitamos estructuras fuertes, recursos e indicadores de largo plazo. Los movimientos no pueden depender solamente del entusiasmo de algunas personas”, subrayó Lee.
La representante de Time Innovación también destaca que el valor diferencial para el sector empresarial ya está en marcha, potenciado por la naturaleza binacional de la frontera. “Una empresa aislada accede solo a sus propios recursos. En Área B, las posibilidades se multiplican hacia dos países, permitiendo aprender de experiencias diferentes y conectarse con redes de Brasil y Uruguay. La innovación empieza con una conversación entre personas que, sin el ecosistema, quizás nunca se habrían encontrado”.
Con la mirada puesta en el futuro, el ecosistema Área B trabaja en los preparativos de la V Semana Binacional de la Innovación, que se desarrollará del 20 al 22 de agosto en la frontera Rivera-Livramento.
En el sitio web del ecosistema es posible acceder a más información sobre la programación.
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