La historia de Romina que estudia Ingeniería Agroambiental en UTEC Durazno, sus viajes desde Tacuarembó en tren en busca de un futuro profesional universitario
El inicio de su formación estuvo marcado por largos viajes en moto; junto a sus padres, Romina desafiaba kilómetros de caminos de piedra con un solo objetivo: llegar a la universidad. Hoy, Romina atraviesa el único túnel ferroviario del país cada semana para estudiar Ingeniería Agroambiental en UTEC Durazno. Desde Paso del Cerro a los laboratorios de la Universidad Tecnológica, su historia demuestra que no hay distancias físicas que frenen a quien tiene el firme objetivo de llegar tan lejos como se lo proponga.
Romina Rodriguez tiene 21 años y es oriunda de Paso del Cerro, Tacuarembó, un pueblo de apenas 300 habitantes al noroeste de Uruguay. Aunque creció rodeada de campo, el sector agropecuario no despertaba su interés inicial pero sabía que quería ser universitaria. Para cumplirlo cursó el bachillerato Físico-Matemático en Tacuarembó. Al terminar el liceo, mudarse a Montevideo no era una opción. Los relatos de sus compañeros sobre el viaje a Rivera para conocer UTEC no cayeron en el olvido. Ella no pudo ir por complicaciones logísticas, pero la anécdota le quedó grabada. Así descubrió la Ingeniería Agroambiental en UTEC Durazno. Lo que empezó como curiosidad se transformó en pasión al ver el plan de estudios.
"Me llamó la atención la cantidad de materias vinculadas a la tecnología: sistemas de información geográfica, sensores, programación y análisis de datos", explica Romina. Esa mezcla de naturaleza con tecnología y fisiología vegetal fue lo que le despertó el interés para inscribirse.
Un camino trazado por la familia
El esfuerzo actual de viajar cientos de kilómetros no es algo nuevo; es la continuación de una historia que empezó en la escuela con aquellos viajes en moto por caminos de piedra. Ese compromiso temprano se reforzó con el apoyo de su tía en Tacuarembó, quien le preparó "una piecita" en su casa para que Romina pudiera organizarse mejor y tener un espacio durante sus traslados. Esta red de contención ha sido “el pilar fundamental para sostener su ritmo de vida hasta el día de hoy” reflexiona la estudiante de UTEC.
Ese ritmo es hoy una travesía semanal que desafía cualquier cansancio. Al cursar Ingeniería Agroambiental que tiene una modalidad semipresencial, si tiene clase un miércoles, su viaje comienza el lunes. Ese día toma el tren desde Paso del Cerro, atraviesa el único túnel subterráneo del país y una hora después llega a Tacuarembó donde se reencuentra con su tía, quien la busca en la estación siempre que puede. Tras pasar la noche allí, el martes continúa su ruta en ómnibus hacia Durazno. Al llegar a la ciudad universitaria, se queda en una residencia estudiantil para descansar y finalmente al otro día, asistir a clase el miércoles. El regreso es igual de vertiginoso: a menudo debe retirarse antes de que termine la jornada para alcanzar el ómnibus, dormir nuevamente en Tacuarembó y recién el jueves abordar el tren que la devuelve a su hogar.
Innovación y trabajo: El lenguaje de los datos
Romina se encuentra cursando el 4to año de la carrera que combina agro con tecnología. Ha descubierto su lugar entre la fisiología vegetal, sensores y análisis de datos. Su primera experiencia laboral la realizó a través de una pasantía en Ferrando & Asociados, un hito que describe como “sumamente positivo” por el intercambio constante y la retroalimentación.
En la empresa, aplicó conocimientos de programación y modelado de datos para clasificar niveles de enraizamiento temprano en plantines de eucaliptus mediante imágenes térmicas, RGB y modelos de Machine Learning. Esta experiencia le dio herramientas técnicas y le permitió vincularse con instituciones como el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), comprendiendo el impacto real de la tecnología en el sector productivo.
De su pasantía surgió su actual proyecto de investigación para recibir título intermedio de tecnóloga Agroambiental. Investiga la clasificación de enfermedades foliares (de las hojas) en cultivos de maíz utilizando imágenes del tipo RGB y modelos de inteligencia artificial y Deep Learning.
"El objetivo es encontrar diferencias fisiológicas entre plantas a partir de imágenes", señala. Su meta a futuro es desarrollar un marco metodológico propio que le permita capturar y procesar sus propias imágenes en territorio uruguayo, adaptando la inteligencia artificial a los desafíos específicos de la producción nacional.
Esta trayectoria laboral le ha dejado lecciones humanas fundamentales: la paciencia, el valor del trabajo colaborativo y la confianza en su propio criterio. "Cuando querés profundizar en áreas innovadoras, muchas veces es necesario ir más allá de los contenidos formales e investigar por cuenta propia", afirma.
Su compromiso con la institución también se refleja en su presente: actualmente, Romina se desempeña como becaria de apoyo a la coordinación de su propia carrera. Este espacio le permite aplicar sus competencias técnicas en el día a día de la universidad, integrándose activamente al ecosistema académico mientras finaliza su formación.
Romina solía creer que las distancias físicas eran el principal obstáculo en su carrera. Sin embargo, hoy está convencida de que las barreras más grandes son las que uno mismo se impone: "Puede ser más o menos difícil, pero si uno quiere, realmente puede llegar tan lejos como se lo proponga".

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