De un campo vacío en Rivera al laboratorio de logística más avanzado de la región: el legado del docente de la Universidad Tecnológica que transformó el "no se puede" en una realidad tangible al instaurar la primera ingeniería que tuvo la región Norte del Uruguay.
Cuando Luis García Bonsignore llegó a Rivera en 2016, el predio del Instituto Tecnológico Regional Norte de UTEC, ubicado a la entrada de la ciudad, era apenas un campo abierto. No había aulas ni laboratorios, ni mucho menos una carrera de Ingeniería en Logística como lo hay hoy. Lo que sí abundaba era la desconfianza: a nivel local, muchos creían que un proyecto de esa magnitud en la frontera era, sencillamente, imposible.
Esta ingeniería en logística fue, en su momento, la primera ingeniería dictada en el Norte del Uruguay, la primera ingeniería en logística de Latinoamérica, y además abrió el camino en la región. Se mantuvo como la única durante cinco años.
Con formación en economía, informática, un pasado como emprendedor y experiencia como consultor internacional en Logística, García asumió el desafío de diseñar e implementar la carrera en la sede de UTEC en Rivera y dejar los cimientos para la creación de la misma en UTEC Fray Bentos. Lideró la coordinación de la carrera entre 2016 y 2023, y tras un ciclo de 47 años de docencia, en diciembre de 2025 se jubiló. En esta charla con la Unidad de Comunicación y Difusión de UTEC, recorre el proceso fundacional de una carrera que puso a Uruguay a la vanguardia de la logística en Latinoamérica.
Si cerrás los ojos y volvés a 2016, ¿qué recordás de aquel momento en que UTEC Rivera era solo un proyecto en papel?
Las cosas no empezaron en 2016, empezaron antes y con muchos actores involucrados. Desde UTEC ya se venía trabajando en estudios de viabilidad para definir sedes y áreas estratégicas, y en ese análisis surgió que la logística era una capacitación técnica y tecnológica necesaria para esta región. Estaba entre Tacuarembó, Artigas, Melo, Salto, y Rivera. Y finalmente terminó siendo la sede en Rivera. Se daban condiciones muy particulares: su ubicación equidistante, la cercanía con Santana do Livramento y un público objetivo más amplio.
En paralelo, desde el sector logístico —el Instituto Nacional de Logística (Inalog), cámaras empresariales, la Administración Nacional de Puertos, zonas francas— había un interés muy fuerte en formar ingenieros en logística, con foco en intermodalidad y multimodalidad. Y por otro lado estaba yo, con toda una trayectoria previa que me sumé a este proyecto.
¿Cómo se conecta tu recorrido previo con este desafío?
Vengo del área empresarial y de la docencia. Tomé contacto con la logística en 2001. Era docente de la Universidad ORT en la Licenciatura y el Técnico en Administración y en ese entonces hice un posgrado en logística empresarial, que luego lo coordiné hasta 2008. En 2005 empecé a trabajar como consultor en logística en Uruguay y en otros países, especialmente en Chile.
Eso me dio una espalda y una experiencia importante. Me permitió ver empresas mucho más grandes, con problemáticas similares pero con mayor nivel de profesionalización. También pude detectar un gran vacío: había formación operativa, o sea prácticamente manejar pallets y carretillas, y había oferta educativa de maestrías como los MBA, que tenían alguna unidad de Supply Chain Management o alguna unidad de logística, pero muy poco específico en el tema. En el medio no existía nada. Hoy, aún, en gran parte del mundo no existe nada. Es un gran diferencial que tenemos. Recién en 2026 en Chile, se va a lanzar Ingeniería en Logística. Y nosotros ya vamos a llevar 10 años. Fuimos precursores.
Luis García Bonsignore junto al plan de estudios de la carreraEn 2009 un relevamiento nacional que hicimos en Equipos Mori dejó muy claro ese vacío. Una de las conclusiones reflejaba la necesidad de conocimientos de simulación, estadística, y análisis de datos. Todo lo que hoy estamos manejando con la inteligencia artificial, en cierto aspecto eran cosas que se precisaban.
Ese fue entonces un puntapié inicial desde mi línea. Por otro lado, la UTEC, a través del ingeniero Juan Opertti, venía trabajando fuerte con esa intermodalidad también a partir del clúster de logística. Fue fundamental porque cuando UTEC en el 2015 decide avanzar, Juan plantea al Consejo Directivo Central provisorio de la Universidad de que era importante para las cámaras e Inalog. Incluso se firma un convenio con Inalog que avala y apoya el proyecto.
¿Cuándo aparece concretamente la posibilidad de venir a Rivera?
Cuando UTEC abrió el llamado para la coordinación de la carrera, lo vi en el diario El País y pensé: “este llamado soy yo”. Pero no fue una decisión fácil. Ya era una persona grande, tenía una carrera hecha, consultorías en el exterior, y venir a Rivera implicaba un sacrificio personal y familiar importante. Me preguntaba ¿estás dispuesto a ir a Rivera y a Fray Bentos? ¿cómo voy a hacer prácticamente mil kilómetros dos veces por semana para coordinar dos cosas? Las comunicaciones no eran exactamente como ahora.
Durante semanas tuve el aviso colgado en una lámpara en el escritorio. Lo que me convenció fue pensar que todo ese conocimiento adquirido se iba a perder si no lo compartía. Me parecía una falta de sentido común no volcar esa experiencia en un proyecto educativo transformador.
Era una idea que muchos consideraban imposible. ¿Hubo que convencer a mucha gente de lo que estaban construyendo?
Me lo dijo el Consejo “mirá que nosotros creíamos que eso era imposible”. Luego el intendente de Rivera de ese momento me comentó “mirá Luis, me habían convencido de que esto era imposible”. Pero eso me lo dijeron dos años después de que habíamos empezado a dictar la carrera. Cuando llegué como coordinador de Ingeniería en Logística a UTEC Rivera, era un proyecto que no existía. El desafío era cumplir porque había desconfianza por promesas anteriores no se habían cumplido. Vinimos a implementar un proyecto real. Y eso implicaba creatividad, trabajo y mucha presencia en el territorio.
Luis García y Juan Opertti en 2016 en el terreno donde hoy está el edificio de UTECUTEC en 2016 literalmente era un campo. No había edificio, no había aulas. Cuando vinimos con Juan Opertti, junto al actual consejero Marcelo Ubal, fuimos hasta el Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología Sul-riograndense (IFSul) para intentar crear una carrera binacional. IFSul era terciario pero no universitario, y ya tenía un convenio con la UTU, que tenía la restricción de tener tecnicaturas. Pero no teníamos el curso espejo que nos permitiera hacer la binacionalidad.
Se trabajó buscando cursos que pudieran de alguna manera identificarse con logística, porque además la logística que ofrecía la UTU era una logística administrativa, y nosotros íbamos a implementar una ingeniería con un tecnólogo. Era una oportunidad, una innovación, por lo menos para Uruguay.
El proyecto no se hubiera podido hacer si no hubiera sido por el apoyo de Dayhana Acosta, analista administrativa de la carrera desde sus inicios. Es de las personas que se remanga y siempre estuvo al firme y a la orden para ayudar en lo que correspondiera. Tuvimos etapas donde estuvimos un mes sin agua, semanas sin luz en el Polo Tecnológico. A veces te ponías la corbata para atender y otras te sacabas la corbata y te ponías el overol. Hubo que hacer mucha cosa para que esto funcionara.
¿Qué estrategia siguieron para dar a conocer la carrera y convencer a estudiantes y actores locales?
La estrategia fue participar de cuánto evento y cuánta visita pudiéramos hacer a los liceos, las UTU, las cámaras empresariales, y expo educas. Hacíamos 10.000 kilómetros por mes de recorrida. A los estudiantes les hablábamos con franqueza. Les decíamos que era un proyecto nuevo, pero también que la logística tenía una altísima demanda laboral. Trabajo asegurado si se comprometen, si estudian, si aprovechan la oportunidad.
La primera generación fue pequeña y tuvo que enfrentar desafíos como no contar con un edificio con laboratorio, y una pandemia. ¿Cómo la recordás?
Arrancaron 12 estudiantes en el Polo Tecnológico de UTU. Allí empezamos en condiciones provisorias, pero con una idea clara de cómo queríamos enseñar. Tuvimos que hacer algunas reformas. La idea es que los estudiantes estén cerca del docente y del pizarrón. Las clases esas tubulares donde el último no sabés ni quién es, no corren. Porque se aburre, porque no ve el pizarrón y no te ve a vos. Ellos estudian y tú sos una guía. Pero si vos estás lejos no sos guía de nadie.
Estos primeros estudiantes son muy resilientes. Lo más importante fue que se identificaron como generación, se apoyaron entre ellos y generaron un fuerte sentido de pertenencia.
Hoy, de aquella generación inicial de 12 nueve se terminaron recibiendo de ingenieros. No es poca cosa.
La entrevista se desarrolla en el laboratorio de Logística en UTEC Rivera, que es un referente en la región. Cuando dibujabas los primeros bocetos, ¿lo imaginaba así?
Tuvimos claro que para la enseñanza de la logística necesitabas un laboratorio donde los estudiantes pudieran implementar desde tecnología hasta la parte física. Por ejemplo, mover carga a estanterías, un pallet y hasta automatismos, drones, robots y cobots. También consideramos elementos de seguridad hasta portones similares a los que vas a ver, para saber el mantenimiento, cómo funcionan. Los estudiantes debían ver esto como lo común, no en una foto.
Un primer diseño de apenas 24 metros cuadrados para poner computadoras resultaba inoperable y logramos construir uno de 623 metros cuadrados. Con el tiempo nos dimos cuenta de que, sin querer, estábamos construyendo un centro de excelencia regional. No hay otro igual en Sudamérica.
La idea del laboratorio es hacer experimentos y pruebas. Trabajar y devolverle a las instituciones públicas, a la sociedad, cosas que le van a facilitar y disminuir los costos, minimizar las pérdidas, las mermas, para poder realmente generarle más disponibilidad a las personas. Acá, por ejemplo, se hizo hace poquito un trabajo con RFID —identificación por radiofrecuencia—, que es una tecnología de trazabilidad automatizada para el Correo Nacional.
¿Qué diferencias tienen los tecnólogos en Logística de los ingenieros?
El tecnólogo es capaz de diagnosticar una empresa, analizar procesos, registrar y analizar datos. Sistematizar la información y volcarla en un documento que sugiera medidas inmediatas para hacer, es parte del trabajo. Además, debe ser un buen comunicador y relacionarse bien con todas las personas de la empresa.
El ingeniero avanza un poco más. Tiene una visión más amplia de toda la cadena de suministro, desde los primeros proveedores hasta los clientes finales, con enfoque técnico, económico, legal y humano. Tiene que lograr que haya una buena interoperabilidad, comunicación y coordinación entre todos. Recordemos que la logística no solamente abarca empresas, también está en hospitales, en organizaciones sociales, un comedor tiene logística. Nosotros, como profesionales, tenemos que ir a cualquier lugar y ayudar a todos. Porque en una inundación, en un espectáculo, siempre hay logística. Y debemos poder actuar en todos esos elementos y poder aportar, de alguna manera, una solución para la gente.
Primer plantel docente de Ingeniería en Logística en UTEC RiveraPara formar el equipo docente hubo que combinar perfiles de Montevideo, Rivera y Brasil, y apostar al compromiso. La carrera se diseñó para que docentes senior pudieran venir con esquemas flexibles, y al mismo tiempo formar docentes locales.
Después de dejar la coordinación de la carrera en el año 2023, decidiste seguir dos años más como docente en UTEC. ¿Por qué?
Porque soy docente. Siempre lo fui. Y porque me parecía importante acompañar la transición, aportar experiencia y seguir en contacto con los estudiantes. La docencia te mantiene vivo intelectualmente, te obliga a repensarte, a escuchar.
Mirando hacia atrás, ¿qué huella esperas haber dejado en los estudiantes?
A los estudiantes que me ha tocado tener en mis cursos, lo principal fue transmitirles que siempre tienen que pensar, innovar y hacer el esfuerzo por el saber hacer. Pero que todo eso no sirve sino se hace dentro de un marco ético y sostenible. Que no pierdan esa esencia, ese gusto por el querer saber cada vez más, el hacer el esfuerzo por transmitirlo. Que deben aspirar a la excelencia sabiendo que es un objetivo, a veces no alcanzable, al cual si podemos acercarnos.
Que entiendan que pueden ser transformadores de regiones. Hoy hay cientos de estudiantes que no se van de Rivera porque pueden formarse acá. La logística es una herramienta de transformación social. Y si logramos transmitir eso, el esfuerzo valió la pena.
¿Qué planes tienes para este nuevo tiempo? Recientemente participaste de un estudio de viabilidad de una ruta que conecte Rivera con Salto.
Mi prioridad hoy es terminar un proyecto muy personal: mi libro sobre Logística Aplicada y Estratagema Logística. Es un trabajo enfocado en la gestión de stocks con fundamentos matemáticos y estadísticos. Ya estoy en la etapa de revisión final y espero que el primer semestre de este año ya esté en la calle a través de la Fundación Universitaria. Es mi forma de dejar plasmado el "saber hacer" que mencionamos antes.
Pero no todo es logística. También voy a dedicarle tiempo a mis hobbies. Me gusta mucho pintar; tengo unos 120 cuadros terminados y muchísimas ideas bosquejadas que por falta de tiempo no he podido plasmar.
Sobre la viabilidad de la ruta que conecte Rivera con Salto, me preocupa que a veces pasamos años pensando en la "perfección" de un proyecto y no damos el primer paso. El desarrollo humano se hace con inversiones rápidas y prioridades claras.
Rivera necesita una zona de integración que junte conceptualmente el aeropuerto, la terminal ferroviaria y el puerto seco. No puede ser que Uruguay aún no tenga una ruta nacional que una a Rivera con Salto. A veces se prioriza lo que se ve más que lo que es útil, y es al revés. Haciendo las cosas útiles, después se pueden hacer muchas más cosas visibles. Mi plan es seguir aportando esa visión, desde donde me toque, para que no pasen otros 20 años antes de ver las obras que la región necesita.
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