Victoria Saravia, estudiante de Ingeniería en Control y Automática en UTEC Rivera, participó en un programa internacional de liderazgo y desarrollo económico que amplió su mirada sobre el potencial del norte del país.
A sus 25 años, Victoria Saravia cruzó fronteras con algo más que una valija: llevó consigo la experiencia de estudiar Ingeniería en Control y Automática en el norte del país al curso de Emprendedurismo y Desarrollo Económico para Jóvenes Líderes, que compartió junto a compañeros de Brasil, Chile, Argentina y Uruguay. La formación financiada por el departamento de Estado de Estados Unidos, se desarrolló en Amherst College, en Massachusetts, e incluyó viajes a Boston, Nueva York, Tucson y Washington DC.
Mientras termina el quinto semestre de la carrera, Victoria integra Urubots, el equipo de robótica de UTEC con el que compitió más de una vez en instancias internacionales. Los fines de semana asume otro rol: se desempeña como guía turística en Minas de Corrales, donde lidera recorridos por el Cerro Miriñaque, la represa hidroeléctrica del Cuñapirú y la Ruta del Oro, combinando historia, territorio y desarrollo local. Para ella, esta experiencia le permitió comprender cómo la tecnología y el emprendedurismo pueden convertirse en motores de desarrollo para territorios como Rivera.
Este curso lo brinda el US Department of State y lo lleva adelante el Instituto de Formación y Desarrollo con ayuda de las embajadas de los países y el programa Fulbright. El llamado me lo envió una colaboradora de UTEC que al verlo pensó en mí, investigué un poco sobre el programa y decidí postular con apoyo de profesores, el Centro Global y el programa de lenguas de UTEC. Me interesó el curso ya que en varias ocasiones se me ha dicho que tengo un perfil volcado al liderazgo, tengo interés en mejorar esas habilidades así como también aprender sobre emprendedurismo y desarrollo económico para llevar este aprendizaje a mi comunidad y entorno.
El emprendimiento siempre estuvo ahí presente en mí. No tenía claro si quería emprender, pero cuando fui becaria lo vi más posible. Por un lado porque tenía a Angélica Seguí —docente de Emprendimientos Tecnológicos— trabajando al lado que me decía todo el tiempo que tenía que emprender. Y también porque teniendo tareas en la Agencia de Desarrollo e Innovación de Rivera veía las herramientas que había para emprender y lo tenía mucho más presente. Ahora estoy con la cabeza en recibirme, y una vez que me reciba algo voy a encontrar para emprender.
Por otro lado, el curso era también de desarrollo económico, y Carolina Bazzi —analista de Relacionamiento con el Medio— en mi pasaje como becaria me prestó un libro de desarrollo territorial que me abrió la cabeza de cómo los emprendimientos traen desarrollo para una región. Ella fue quien me envió el link a la convocatoria para este curso.

Considero una necesidad clara el generar emprendimientos que incrementen la oferta de trabajo así como también la creación de productos competitivos a nivel internacional. Normalmente la automatización se utiliza con el objetivo de aumentar la producción de una empresa. Sin embargo, es utilizada en una gran cantidad de ámbitos que las personas no consideran pero que forman parte de una mejor calidad de vida para la población de una ciudad, ya sea en el transporte, turismo o gastronomía. Productos competitivos que hoy tienen integrada la automatización en sus procesos.
Sí, están por todos lados. Tienen sus propias estaciones de carga y funcionan incluso de noche. Se usan principalmente como delivery. También forman parte de proyectos de investigación. Fue muy interesante observar cómo interactúan con su entorno y con las personas. Pensaba en lo increíble que sería ver el Polo de Educación Superior de Rivera lleno de robots así; a docentes como Ricardo Grando —uno de los líderes de Urubots— les encantaría.
Tuvimos clases muy intensas sobre estrategias de desarrollo económico, educación financiera, microfinanzas, gestión organizacional y planificación estratégica. También participamos en servicios comunitarios y visitamos ONGs y empresas del tipo B —que son con fines de lucro pero que lo vuelcan a fines sociales—. Es difícil resumir en pocas palabras todo el aprendizaje acumulado en estas semanas.
Muchísimas. El transporte en Rivera, por ejemplo, tiene un potencial de mejora enorme. En Washington D.C. me impactó la precisión del cronometraje de las líneas del metro. En otras ciudades como Amherst, el ómnibus era gratuito; aunque la gente no lo usaba tanto por las grandes distancias, el sistema funcionaba a la perfección.
En Rivera, todas las líneas pasan por el centro, algo que allá no sucede. En EE.UU. las paradas son más distantes, lo que obliga a la gente a caminar y a realizar conexiones. Actualmente, para venir a UTEC desde mi casa, las conexiones no son prácticas, los horarios no coinciden y el costo es alto. Podríamos mejorar esto con Internet de las Cosas (IoT), pero se requiere financiamiento e interés ciudadano. Un transporte público eficiente mejora la calidad de vida, especialmente de los sectores más vulnerables o personas con movilidad reducida. Y eso activa la economía local. Si me queda lejos y es poco práctico ir al teatro, no voy a ir por más de que haya algo que me interese.
Sí. Aprendí que las mejoras sociales no siempre deben venir del Estado; a veces nacen de la propia gente. Cuando la comunidad se mueve y reivindica algo, el gobierno acompaña. Siento que a veces esperamos demasiado de la Intendencia y del gobierno en general y nos olvidamos de actuar colectivamente. La gente suele movilizarse por partidos políticos en elecciones, pero falta esa misma fuerza para mejorar la calidad de vida diaria por cuenta propia.
En Minas de Corrales lidero los recorridos Experiencia Miriñaque, la Ruta del Oro —donde contamos que tuvimos la primera represa hidroeléctrica de América Latina— y el tour nocturno de Misterios y Leyendas. Al ver los lugares turísticos en EE.UU., pensaba en el potencial de Corrales. Mejorando mínimamente la represa generás trabajo, crecimiento económico, en el sentido de que más personas llegan, más compran ahí, más se mueve la economía de Corrales que siempre estuvo en sus subidas y bajadas dependiendo de la explotación minera. Si vos desarrollás un producto relativamente sostenible como el turismo, puede seguir estando la minera o no, pero tenés algo mucho más constante en el tiempo. Allá en Arizona entré a unas cuevas muy lindas que están en modo exposición, y me imaginaba todo esto en Corrales con la cantidad de túneles que hay.
Éramos 20 estudiantes —13 mujeres y 7 varones—, la mayoría de ingeniería. Las primeras dos semanas fueron de adaptación, pero a la tercera ya funcionábamos como un equipo, sabíamos quién sacaba la basura, quién limpiaba y cuáles eran las rutinas de cada uno.

Las clases eran cien por ciento en inglés. Yo di el First en 2017. Cuando entré a UTEC todavía estaba válido el certificado entonces lo revalidé. Pero allá sentí que el speaking me costó un poco. De comprensión y lectura el nivel está impecable. Pero al no practicar hablar, uno pierde vocabulario. Este año, uno de mis objetivos es volver a estudiar inglés, porque me di cuenta de que necesitaba algo más.
Por otro lado, era la única que sabía portugués. Gracias a mi "portugués guerrero" pude comunicarme con los brasileños y hasta ayudar al grupo en una conexión que perdimos en San Pablo. Tuvimos que quedarnos casi 24 horas allá y me puse el equipo al hombro con la aerolínea para solucionar la gestión de las nuevas tarjetas de embarque, mientras los demás no entendían nada. Ahí me apodaron "la madre del grupo", algo que también me pasó en otro viaje con Urubots. Me causa gracia, pero ellos lo ven como una forma de liderazgo basada en el cuidado y la organización.
Sí, puede ser. Perdí a mi madre hace años y mis hermanas eran muy chicas. Mi padre sacó a la familia adelante, pero mis hermanas necesitaban ese apoyo extra y yo siempre estoy para ellas; son mis mejores amigas. Durante el viaje, si me perdía en una tienda, era porque estaba en videollamada con ellas.
Para mí, un buen líder es alguien que sabe escuchar, que presta atención a las necesidades de su entorno y que crea ambientes saludables donde todos se sientan cómodos.
Mi prioridad ahora es recibirme como tecnóloga. Pero este curso impacta directamente en cómo me relaciono con mi entorno, los espacios académicos, profesionales y comunitarios en los que participo. Hoy tengo más herramientas de liderazgo, toma de decisiones y pensamiento estratégico que puedo aplicar en el desarrollo de proyectos de ingeniería, especialmente en aquellos con impacto territorial y enfoque en innovación y desarrollo productivo.
Que se animen. Ser del norte es una oportunidad y estudiar en UTEC, con inglés gratuito, es una ventaja competitiva enorme. El año que viene quiero a toda la universidad postulando al programa SUSI. No tiene costo, está todo cubierto por el gobierno de EE. UU. Y a mí en lo particular me generó un "hambre" y una ambición sana. Rivera tiene un potencial increíble, viviendo acá sabemos portugués y somos la ventana que conecta a Brasil y Uruguay con el mundo. Solo hay que animarse a ver ese potencial y hacerlo crecer.
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